Uno de los amigos de mi juventud más temprana (más temprana que la juventud que aún me acompaña) tomó hace algunos años una fotografía que de tan sólo verla me hacía sentir truenos y relámpagos y se me escarapelaba el cuerpo. Imaginé alguna vez el momento en que la habría tomado, el preciso instante perseguido para capturar el momento cuando los relámpagos caían sobre mi ciudad natal, Huancayo. Ese preciso instante en el que uno es un instrumento que captura un momento sublime, probablemente sin repetición…
Hace unos días se lo mencioné y me dijo: “Esos cinco minutos de gloria que todos tenemos” A lo cual yo respondí que esos cinco minutos no tenían por qué ser cinco minutos de gloria, que podía ser una vida, una eternidad.
Posteriormente cuando le volvi a preguntar sobre ello, (en aras de escribir este artículo), me dijo: “Que conste que he hecho mejores (fotos)…”
Lo sospeché / lo sé y entonces por qué lo relacionaste con «5 minutos de gloria»?
Dennis: “Por dos motivos. No tanto por el tiempo de exposición (de la fotografía) que no llegó al minuto si no porque todos o muchos me conocen por esa foto, como esos actores que llegan a odiar ciertos papeles que han hecho en su vida, vale, si, es una foto impresionante, no fue casual, pero ahora hoy por hoy estoy tratando de mejorarla y superarla”.
Y es allí a dónde quería llegar…
Cuando era más joven, muchos de los logros estaban supeditados al reconocimiento externo (o al menos eso es lo que nos es enseñado a creer), es decir, si el mundo no lo reconoce (o no tiene muchos likes ;) ), no existe. Sin embargo a través de los años descubrí que el verdadero logro no estaba en el reconocimiento exterior sino en un fenómeno más privado, muy íntimo.
Asi, tal cual Dennis describió, las lágrimas de su padre al ver la foto publicada en “Somos” una de las revistas más leídas del Perú, le causó mucha satisfacción y es eso lo que más recuerda. Si a eso le comparamos la volátil apreciación o depreciación de la que somos objeto por los demás, ese fenómeno tiene un tiempo, es perecedero y ese reconocimiento puede elevar a un simple mortal a niveles extremos de endiosamiento o enterrarlo en el más obscuro túnel del desdén.
Por el contrario, el verdadero goce _desde lo que he podido experimentar_ y que se nos es dado a los seres humanos, dura mucho más que 5 minutos, puede durar una vida entera si es que así lo deseamos.
Y entonces quiero compartir el verdadero motor que me lleva a hacer las cosas: Son esos momentos (son muchos más de los que puedo contar ahora) en los cuales fui testigo e instrumento, objeto y sujeto de un momento exquisitamente sublime, esos instantes de vida que van más allá de los momentos rutinarios en los que uno presencia algo y se presencia a si mismo siendo parte de un fenómeno que nos deja flotando y uno, sólo uno lo sabe.
Me pasó en Estados Unidos, en Pennsilvania (y en ese entonces usaba una cámara SLR) en la que sabía que esta imagen era fuera de lo común, una mujer embarazada en medio del río, fluyendo como fluye el río, con el vientre henchido de vida y de regocijo, llena de magia, que transmitía más allá de lo humano, casi etérea ella… tanto que podía tocar la magia o quizá no…
También sentí momentos como esos en mi país, varias veces, una rayo de sol filtrado, el movimiento de unas alas, esa luz especial que llevaba a la imagen a otro nivel, un nivel de conexión con la belleza de lo divino.
En Inglaterra, en dos ocasiones, una cuando fotografiaba un caballo (imagen ganadora de un concurso, de la cual muchos dicen es una pintura) y otra cuando estaba en el bosque, aunque probablemente en esta ocasión fuera el embeleso de la naturaleza, que de por si me transporta.
Esa fiebre que se apodera de uno, la emoción de lo indescriptible, la sensación de conexión con el universo, cuando uno comulga con algo tan inmenso, tan vasto y se pierde en la inmensidad de ese sentimiento de plenitud, de que no hay nada más que importe, sólo hacer lo que a uno le apasiona.
Y así… hubieron muchas veces en las que no podía esperar a revelar las fotos y me gastaba el dinero que tenía para poder revelarlas y quedar embelesada, caer casi en trance viéndolas una y otra vez. Muchas de estas fotos no han sido publicadas aún y no sé si lo serán, ellas guardan una especie de misticismo característico a su belleza particular, que me hace guardarlas cual tesoro…
Aún ahora me pasa con la cámara digital. De pronto veo una imagen y no puedo dejar de contemplarla, sintiendo como la belleza invade mi ser y llena el día, llena el momento, llena el corazón de embeleso y vida. Ése, que es un fenómeno tan interno, tan de uno y no lo podría comparar con nada más y ese _cuando decidí que simplemente me dejaría llevar a disfrutar de lo que me apasionaba_ es el verdadero motivo a tomar fotos, a diseñar, a escribir el blog, a pintar, a decorar, a bailar, a hacer empresa o cualquiera fuere la actividad.
Ese fenómeno, considero yo que es el verdadero regalo de mi vida, el verdadero motor de mi existencia (o uno de ellos), y es allí donde reside el verdadero regalo… el regalo de poder dejarse ser un ente a través del cual se logran cosas, cosas que esperaría que el universo haga para mi.

P.S. Hoy decidí dejarlos con la fotografía de Dennis y guardarme un poco de esas imágenes de las que fui instrumento, de esos momentos íntimos en ese mi sacro espacio. Y asi, es que me voy (tal cual Dennis) a seguir desafiandome a mí misma, aventurándome a mí misma, trabajándome a mí misma en el ilimitado arte del hacer.
P.S. Hagan click en la imagen para verla en todo su esplendor.

No Comments